Hola , mi nombre es Jessi, hace tiempo había venido aquí, pero por asuntos personales me tuvo que ir. Sin embargo, ahora tengo la oportunidad de volver, y, si todo va bien, hasta de quedarme permanentemente. (^^)

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Mi historia:

Hace mucho tiempo, había nacido una chica quien nunca envejecía, siempre mantenía una apariencia de una pequeña niña. Ella creció muy feliz y a gusto con su familia y amigos, pero con el paso del tiempo, sus seres queridos murieron. Desconsolada, lloraba cada noche preguntándose por qué no podía envejecer y morir como los demás. Cansada del dolor, decidió partir de su pueblo natal para buscar un propósito de vida. Viajó por todos lados, conoció muchas personas amistosas, y otras no tanto, sin embargo, aun sentía un vacío en su corazón.

Una mañana, mientras bebía agua del río, escuchó un extraño ruido, al levantar la mirada vio a lo lejos un par de caballos comiendo en el prado. Se quedó hipnotizada por un momento, quiso ir con ellos pero se dio cuenta que sus dueños se encontraban con ellos. Intrigada, los siguió hasta llegar a un poblado llamado Caballow, un hermoso lugar para caballos. No obstante, no sabía qué hacer, con quién hablar o a dónde ir, pero un simpático mono, Ow, la ayudó a alojarse y le dio su primer potro. En ese instante, supo su misión de la vida, el cuidar y proteger aquel tierno recién nacido. Aunque se sintió emocionada al principio, la tristeza la invadió, pues sabía que en algún momento su adorable amigo se iría para siempre. Ow, al saber sobre su condición, comprendió su tristeza, entonces, como muestra de amabilidad, hizo aquel potro inmortal, pues era una tradición convertir en inmortal el primer caballo de cada persona. La niña se lo agradeció.

Pasaron varios años, y ella lo cuidaba, lo protegía y lo entrenaba, pero sobre todo lo amaba más que a nada, incluso tuvo varios caballos y aunque morían, se reconfortaba con su primer potro. Sin embargo, una gran sequía llegó y varios dueños tuvieron que irse de Caballow, incluyendo a la niña. Había vendido todo pero aun así no podía mantener a su amigo. En el atardecer, cuando se iba, llevó a su caballo al prado donde comenzó todo y ahí lo liberó, no sin antes despedirse...

Ahora ha pasado tanto tiempo y vuelvo a lo que una vez fue mi hogar, aunque tengo mis dos hermosos caballos inmortales, cada día al atardecer voy al río y observo como se oscurece el cielo mientras recuerdo mi vida con mi primer caballo. Pues, sólo tal vez, algún día lo pueda volver a ver, aunque en el fondo de mi corazón, sé que no ocurrida, donde quiera que esté sólo le deseo la felicidad.